
http://www.flickr.com/photos/torpore/
No recordaba la última vez que soñaba con ella, estaba vestida como siempre, un camisón largo, ancho, con una textura sedosa y que bailaba al son del viento, descubriendo el viento, el atardecer y el cielo, su cuerpo delgado y esbelto. Eran varias escenas, pero siempre eran las mismas. Un atardecer jugando es un campo, ella reía, reía como a mí me gustaba. Otra escena era ambos en mi cuarto en la casa de mis padres. Ella sentada en mi cama y me avalanzaba sobre ella para hacerle cosquillas y terminaba besándola porque no podía más. Y una de las últimas que recuerdo es de ella leyendo un libro en el porche de su casa, recuerdo cuanto me gustaba ese porche y también recuerdo cuanto tiempo pasamos en él
No fue raro soñar con ella, al menos no me resultó raro o extraño, lo que sí me resultó fuera de lo común era soñar con ella en aquel momento. Mi vida había cambiado tanto, que se suponía que ella no debía aparecer más, se suponía que ya no estaba, que la tenía olvidada, pasada y lejos de aquí. Pero al final, resulta que no es como uno lo cree. Bajé las defensas, ese fue mi error, me dejé llevar y al final volvió, volviste.
Era todo tan extraño, justo ahora que las cosas iban bien, justo ahora cuando volvía a vivir, volvías y no sabía por qué ni para qué...
¿Qué quieres? Me pregunto.
¿Me quieres a mí? Te pregunto.