
Es sorprendente como pasa el tiempo. Parece que el único tema que se trata en este último periodo en este blog es la velocidad vertiginosa a la que pasan las cosas y no es que yo quiera siempre hablar del mismo tema, pero parece que no ceso en mi empeño de quedarme atónito por cada acontecimiento que pasa tan rápido que casi ni me doy cuenta de que ha pasado ya. Han pasado nueve meses desde que me crucé con ella una noche en Salamanca y desde entonces mi vida ha cambiado radicalmente. Ella ha sido, es y seguramente será la persona que más me ha marcado en esta etapa universitaria y espero que en todas las venideras. Han pasado nueve meses y aún recuerdo el invierno acompañado de nieve con ella, la primavera con sus paseos por el centro de Salamanca y el verano que aunque separados lo vivimos en nuestra tierra, Extremadura.
Nunca pensé que ella fuera a cambiar tantas cosas en mí y nunca pensé que fuera a querer y sentir tanto como siento con ella, es la persona más especial, sin duda alguna, que he conocido nunca. Y me alegro cada mañana por haberme cruzado con ella aquel día en Octubre. Ese día, cambió mi vida. Ella mejor que nadie sabe mi pasado y ella mejor que nadie sabe que todo lo que ha hecho por mí. Toda la paciencia que ha tenido, todo lo que ha soportado, todo, es algo que nunca podré, ni sabré agradecerle de alguna forma o manera que sea suficiente o satisfactoria.
El tiempo es rápido y veloz y sí, ha pasado ciertamente ese tiempo, y en ese tiempo hemos podido conocernos, compartir sentimientos, lágrimas, risas, enfados y buenos momentos, siempre más lo segundo que lo primero. Pero en todo orden en las cosas de la vida tiene que haber equilibrio y nosotros lo encontramos. El comienzo fue más que complicado, el desarrollo fue más fácil, y ahora, el presente, es complicado de nuevo, porque no me acostumbro a estar alejado de ella, a no verla a diario, a no sentirla, a no oírla, a no olerla, a no besarla, a no dormir con ella, a no... y así un largo etcétera que creo que nunca podría acabar. Ella para mí representa esos atardeceres pelirrojos que compartimos un año entero, ella para mí es la persona que hace que me levante con fuerzas cada mañana, que viva feliz y que me sienta cada día la persona más afortunada del mundo por tenerla a mi lado. Porque aunque nada es para siempre, ella por el momento, mañana, pasado y al otro seguirá estando en mi vida y seguirá siendo la persona con la que quiera estar, a la que quiero seguir queriendo y la que quiero seguir amando.